Las Atarazanas del Puerto, en el Grao.

El principal recuerdo de la potencia naval que fue Valencia en los siglos XIV y XV son las atarazanas del Grao. En ellas se construían y aparejaban barcos aptos por igual para el comercio como para la guerra antes incluso de que existiera un puerto, pues Valencia era pieza importante en la expansión mediterránea de la Corona de Aragón.

El rey que le dio el primer impulso, Pedro III el Grande, autorizó en 1284 a los cónsules del mar de Valencia a construir una barraca en la playa, junto al núcleo urbano de la Vilanova del Grau, para guardar los aparejos de las naves y repararlas cuando fuese necesario.

En 1321 consta la existencia de una daraçana del rei, próxima a las carnicerías de la Vilanova y al camino que unía el Grao con la ciudad, que continuaba en uso en 1346 como arsenal y debe distinguirse de las atarazanas de la ciudad, construidas más tarde.

Foto aérea desde 150 metros de altura, según el Instituto Cartográfico Valenciano en Google Earth.

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