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Su Obra
Representante del renacimiento
valenciano en una época muy convulsa por motivos religiosos y políticos, Juanes
consiguió crear un estilo propio. Inventó unos "tipos iconográficos" que serían
repetidos por sus seguidores (Salvadores Eucarísticos o las Dolorosas, por
ejemplo), y produce un antes y un después en el arte valenciano y es el mejor
representante de este ambiente pre-reformista de mediados de siglo XVI.
A pesar de que las influencias italianas son tan evidentes que han hecho pensar
en un posible viaje de Juanes a Italia, sin embargo, podrían explicarse por el
pleno conocimiento del arte italiano que el artista pudo adquirir en el ambiente
artístico valenciano.
De las dos etapas en las que se suele distinguir las producciones del maestro,
en la primera (1530-1550) este pintor valenciano buscó un lenguaje personal
hacia lo nuevo con gran diversidad de formas. Esto lo vemos, por ejemplo, en la
Resurreción, del Retablo Mayor de la catedral de Segorbe, de 1530.
Ya en la tercera década del siglo, adquiere un estilo propio inspirado en
Sebastiano del Piombo. Asimiló el arte italiano a través de la atenta
contemplación de las pinturas de este pintor, que llegaron a Valencia gracias al
embajador Vich. En ellas se empapó del lenguaje del Renacimiento pleno, que fue
el norte de su pintura.
Su obra se enriquece después con componentes flamencos, que observamos en su
técnica depuradísima o la coloración vibrante y esmaltada que siempre conservó.
Ya en 1540, su obra se impregnará de influjos rafaelescos. De Rafael adquiere no
sólo las composiciones, sino también el suave esfumato de los contornos y el
color. De este primer período, destacan también, entre otros, la Conversión de
Saulo, de la catedral de Valencia, o el magnífico Cristo a la columna, de Alba
de Tormes.
Las alabanzas de los escritores contemporáneos nos dan idea de la fama que logró
en vida. Juanes estuvo en contacto con la cultura literaria y los importantes
círculos humanísticos de la capital virreinal y parece haber sido un artista de
intensa preocupación intelectual, que dominaba el latín, y quizá a causa de ello
latinizó su nombre, haciendo parangonable su obra con la de los mejores pintores
de la Antigüedad, y huyendo del más pedestre apellido «Maçip».
En su segunda etapa, a partir de la desaparición de la corte virreinal
valenciana de los Duques de Calabria (quienes tenían obra flamenca en su
colección, obra que influyó en el pintor) y la de su padre en 1550, Joanes tuvo
que hacer frente en solitario a muchos encargos y su arte se volvió más
formulario.
Este pintor, fundamentalmente religioso, va adquiriendo cada vez más un mayor
dominio de la técnica pictórica, abandonando el linealismo y ganando en suavidad
y esponjosidad. La gama cromática utilizada es más luminosa y brillante, con
tonos más fríos, y carnaciones claras. Sus últimos trabajos dan muestra del
absoluto dominio de la técnica adquirido con esfumaturas o calidades de ensueño.
De este período, están expuestas obras como la de Alfonso el Magnánimo, de 1557,
o El Salvador eucarístico, de la catedral de Valencia.
Debemos a este pintor las más famosas imágenes de devoción valencianas de la
segunda mitad del siglo XVI, que se convirtieron en prototipos inalterables: del
Ecce Homo, de la Inmaculada rodeada de símbolos concepcionistas, de la Dolorosa,
del Salvador eucarístico, etc…
Frente a algunas críticas vanguardistas, Juan de Juanes vuelve a ocupar el sitio
que se merece, al lograr delimitar la línea que separa la producción suya, de la
del viejo Macip, su padre, hasta ahora entendidas conjuntamente. Plasmó, como
pocos, la ensoñación ideal del Renacimiento que le cautivó.
Exquisito dibujante, muestra a la vez un colorido rico y brillante, los fondos
de las pinturas se articulan con evocadores paisajes poblados de arquitecturas y
ruinas clásicas, compuestas como citas eruditas, mientras dota a sus personajes
de una gestualidad retórica que demuestra su conocimiento y meditación sobre los
tratados de elocuencia clásica.
Las Escenas del martirio de san Esteban constituyen un ejemplo notable de
su delicado estilo.
Su trabajo es un gran ejemplo de cómo reflejar, mediante las técnicas
manieristas, el espíritu de la religión católica en el arte. Fue precisamente en
el ámbito religioso donde cultivó la casi totalidad de sus obras. Su
sensibilidad y habilidad con la combinación de colores, suscitó en su tiempo
admiración. Incluso otros artistas siguieron sus ejemplos y estilos, pues
advirtieron pronto que era el gusto del público y el deseo de las gentes
piadosas.
El prestigio alcanzado en vida por Juanes excede ampliamente la tópica imagen de
pintor pío que de él tenemos y fue parangonable al disfrutado por ilustres
colegas italianos. Como ellos, su arte fue ensalzado en sonetos que equiparaban
su talento al de célebres pintores clásicos, y también como ellos, a su muerte
mereció el elegiaco tributo de los poetas.
Pinacoteca virtual de Juan de
Juanes.
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