La Inmaculada

El cuadro de la Inmaculada Concepción, de grandes dimensiones, se encuentra en la Iglesia de la Compañía de Jesús de Valencia.

Pulse para agrandar imagen.

Lo pintó en 1568 Juan de Juanes siguiendo las indicaciones del venerable y afamado jesuita padre Martín Albero quien escuchó de labios de la Santísima Virgen durante un sueño milagroso cómo deseaba ser representada.

Se trata de la primera pintura conocida de la Inmaculada Concepción.

La leyenda que figura en el cuadro "toda eres hermosa, amiga mía; no hay tacha en ti" remite al Cantar de los Cantares y se interpreta como la voluntad de Dios en la predestinación de María.

Las alegorías se agrupan en torno a tres temas: la virginidad (fuente sellada, ciudad amurallada, jardín cerrado, espejo, y todos los árboles que conservan su verdor: ciprés, olivo, cedro y palmera), la pureza inmaculada (lirio, sol, rosas, torre de David), y la intercesión en favor de todo el género humano (puerta del cielo, pozo de agua viva, estrella de mar guía de marineros).

La Virgen aparece sobre la luna recortada a sus pies según el capítulo 12 del Apocalipsis.

Sello de 1979 conmemorativo de Juan de Juanes con una imagen de su InmaculadaLa Inmaculada es una de las imágenes más representadas en la imaginería de todos los tiempos. en Valencia, en casi todas las casas, hay al menos una representación del cuadro de Juan de Juanes.

A la imagen acuden a rezar peregrinos de todo el mundo, particularmente de Filipinas (hay un privilegio papal asociando la evangelización de las islas a esta imagen).

También acuden a ella los que imploran por la promulgación del quinto dogma mariano sobre la Intercesión y Mediación Universal de María, privilegio que sí refleja la imagen de Juan de Juanes.

Hasta el momento, cuatro han sido los dogmas definidos por la Iglesia sobre la Virgen María: el de su Maternidad Divina, aprobado en el Concilio de Éfeso en el año 431; el de su Virginidad Perpetua, en el segundo Concilio de Constantinopla del siglo VI; el de su Inmaculada Concepción, definido por Pío Nono en 1854 en su encíclica «Inneffabilis Deus»; y el de su Asunción a los cielos, por Pío XII al declarar el dogma el primero de diciembre de 1950, en su documento «Munificentissimus Deus».