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La música de Joaquín Rodrigo representa un homenaje a las distintas culturas de España, ya que se vale, como fuente de inspiración, de las más variadas manifestaciones del alma de su país, desde la historia de la España romana hasta los textos de los poetas contemporáneos. Traducción de una cita de Julian Bream, publicada en la revista musical francesa Classic FM, septiembre 1999 “El éxito del Concierto de Aranjuez de alguna manera ha eclipsado las otras obras de Rodrigo; hace falta sacarlas de nuevo y redescubrirlas, y no considerar a Rodrigo como el autor de una sola obra, porque sin duda, el futuro nos enseñará otros tesoros.” Fragmento del artículo de Pablo Zinger publicado en el “New York Times”el 29 de agosto de 1999 "Curiosamente, algunas de las obras consideradas como las mejores, tanto por el compositor como por los críticos, siguen sin grabarse: Ausencias de Dulcinea, sobre textos de El Quijote, Cántico de San Francisco de Asís (1982), sobre textos de San Francisco de Asís, una de las últimas obras de Rodrigo. A la hora de su fallecimiento, al contemplar su producción, Rodrigo merece seriamente ser considerado como uno de los más grandes compositores españoles del siglo veinte." Editorial: “En busca del más allá”. Fragmento del artículo publicado el 7 de julio de 1999 en la sección de Opinión del Diario 16 "¿Fue Rodrigo compositor de una sola obra? Sin duda no. De no haber existido el concierto que le valió el marquesado “de los jardines de Aranjuez” hubiera figurado también en la historia de la música española… Su Concierto serenata para arpa y orquesta, la obra En busca del más allá que le encargó la NASA, son muestra más que suficiente de un gran talento. Un talento con el que habrá quienes no congenien. La popular, que no populachera, estética de Rodrigo necesariamente había de chocar con las vanguardias. Y, por qué no decirlo, con las envidias de muchas vanguardias frustradas." “Adios al gentilhombre”, fragmento del artículo publicado en la sección ‘Opinión’ del ABC el 7/7/99 “Rodrigo tuvo la sabiduría de atenerse a lo que le dictaba únicamente su talento. ‘Puede que mi vaso sea pequeño, pero bebo en mi propio vaso', respondía a las críticas de profesores supuestamente más avanzados, con esa sonrisa socarrona de los ciegos lúcidos. Y ese afán de autenticidad y determinación, felizmente preservado de las bogas pasajeras que en cada momento han deslumbrado al siglo, ha mantenido su música viva, conocida y querida … quizá haya llegado el momento de que sea también valorada e interpretada. Ese purismo, que en ocasiones ha desdeñado una obra imaginativa y rica que va más allá del Concierto de Aranjuez, se estrella indefectiblemente con la devoción unánime de los melómanos de todo el mundo, que han dispensado a esa y a otras partituras del maestro una acogida que para sí quisieran tantos teóricos del serialismo, la dodecafonía y otras vanguardias que el público no ama y no va a escuchar a las salas de conciertos. Y es que en la contribución de Rodrigo … figura en lugar destacado esa necesaria función divulgadora de la música clásica, que en el rasgueo de Yepes o de Segovia alcanzó rango de arte sublime." |