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La última cena, que desde 1609 se conserva en el altar mayor de la iglesia del Patriarca, fue el encargo que hizo el arzobispo Juan de Ribera al artista.

En la mesa están sentados junto a Jesús los apóstoles y, como pasa a menudo entre los genios de la pintura, Ribalta no pudo sustraerse a la tentación de colocar la cara de personajes conocidos en los cuerpos de las figuras que pintaba.

El apóstol Pedro recibió los rasgos del prelado, y otro religioso del Colegio puso cara a San Andrés. Aún pintó una cara conocida más.

Ribalta tenía el estudio en un popular barrio valenciano. Allí tenía también su taller un zapatero. Se llamaba Joaquín Pradas.

Este tenía la afición de cantar mientras remendaba los zapatos. Al artista esto le irritaba enormemente. Decía que le impedía concentrarse, que le hacía perder la inspiración.

La enemistad entre ambos se hizo cada vez más evidente. Ribalta cansado de pedir silencio al artesano decidió colocar los rasgos del zapatero en uno de los apóstoles aún libre de cara. El elegido fue Judas, el apóstol traidor.

El escarnio fue insoportable para Pradas. El barrio entero se mofaba de él. Indignado se presentó ante el mismísimo prelado. El Patriarca, que había encargado el lienzo y representaba a San Pedro en el mismo, estuvo apunto de ceder.

Los consejos de importantes personajes desaconsejaron el cambio, pidiendo quedara el cuadro tal cual lo había pintado Ribalta. Se le comunicó dicha negativa al zapatero, pero se le dijo que, a cambio, sería indemnizado con una importante suma de dinero.

Pradas aceptó. Se mudó de barrio e instaló un nuevo taller de zapatería, que con envidiable sentido del humor y seguramente visión comercial rotuló con el nombre de “Iscariote”.

El cuadro, pintado en 1609, aún está en el lugar para el que fue destinado, y en el se puede ver a Joaquín Pradas, el zapatero cantarín, inmortalizado por Ribalta a causa de su voz.


FRANCESC RIBALTA
Vicent Andrés Estellés

Puja el teu nom de grandíssim gesmil.
Oh llum, oh foc, oh claredat del jorn.
Per tu, per tu, canten el llenç, la fusta.

Vingué el teu nom i ací vas instaurar
regne de llum proclamada i exacta
i vas poblar amb gran delit un món.

Per tu, per tu cantaven les parròquies.
Els nus irats i les castes figures
tot imposant un silenci sever.

Per tu, per tu que véns de Catalunya
i encens l'afany del teu constant treball
d' escorços breus i de solemnitat.

Cremava el foc, un foc rural, lentíssim,
cremava el foc els migdies de sucre.
Has imposat silenci a Porta-Coeli.

Per tu les claus, el reialme, l' espasa,
la llarga creu d' on penjava aquest cos,
aquesta fe que movia aquests peus,

aquest sopar, al voltant de la taula,
que encén l' amor i proclama el migdia
tot repartint, amant, el pa i el vi.

Puja un enyor de timonets calents,
puja un enyor, un solemne desfici,
puja un enyor que demana més teles.

Per tu, només, una sacra paraula.
Per tu, només, aquest sacre gesmil.
Per tu, només, el gran tro de la llum.

Per tu, per tu i per tu el regal,
aquest record treballador, enterc,
aquest amor d'universal presència.

Per tu, només, al capçal de l'altar,
entre cavalls, entre apostols flamígers.
Per tu, només, aquesta llum cernuda

que arribara al fons dels cors humans.

Vicent Andrés Estellés,
Mural del País Valencià