|
Su Obra
De Ribalta se han dicho muchas cosas, incluso que era un revolucionario para
el arte valenciano , lo que si que está claro es su formación escurialense y su
estilo internacional.
De su admiración hacia Joan de Joanes y Sebastiano del Piombo, podemos comprobar
una serie de copias que al estudiar sus estilos le llevaron, junto con su
interés por la realidad a definir su estilo propio, apreciable en el abrazo de
San Juan, obra de madurez totalmente naturalista.
El sentido religioso, su habil manejo de luces y sombras, su sentido del
espacio, la mezcla de lo terrenal y lo celestial es una síntesis de lo que será
la clave del Barroco.
Pintando lo concreto de la realidad, Ribalta logró conectar magistralmente con
la corriente mística de su tiempo. El Misticismo era una corriente filosófica y
religiosa que valoraba fundamentalmente la oración y la contemplación como
medios para acercarse a la divinidad.
Además, este realismo barroco que sacaba sus modelos de la realidad próxima
conducía al fiel a la idea de que todos los hombres, hasta los más sencillos,
podían con oración y sacrificio acercarse a Dios y llegar a Él al igual que los
santos. Estos caracteres -misticismo y realismo- fueron ideas fundamentales del
arte de la Contrarreforma del siglo XVII.
La obra del taller de los Ribalta es copiosísima y siempre de alta calidad. Aun
cuando muy mermada por la dispersión motivada por la desamortización y por los
incendios de iglesias durante la Segunda República, aún pueden estudiarse sus
piezas capitales. En ellas se advierte una gran seguridad en el dibujo, una
extremada finura en la captación de la calidad de las cosas, y la brillantez y
la luminosidad del color. Afiliado el taller, como el de todos los pintores de
su tiempo, al tenebrismo realista de Caravaggio, infunde a sus temas una
espiritualidad hondamente sentida.
Alcanzó la máxima reputación el gran lienzo que sirve de telón para ocultar el
crucifijo gótico que sólo se descubre los viernes en el altar mayor de la
iglesia del Colegio del Corpus Christi. Representa la Institución del Santísimo
Sacramento, La Santa Cena, dispuesto en forma perpendicular, con acierto
extraordinario en la composición, en el carácter de los personajes, retratos
algunos de ellos, y en el colorido. Palomino consideraba este lienzo como una
maravilla.
Lo más importante de la obra de los Ribalta es de carácter religioso. Tuvo fama
Francisco de buen retratista, y de su capacidad para esta manera son testimonios
los retratos que figuran en sus cuadros religiosos, pero la copiosa serie
icónica de personajes ilustres del reino de Valencia, que encargó Diego Vich
para el convento de la Murta, cerca de Alcira, hoy en el museo de Valencia, es
obra de taller.
La huella de Francisco Ribalta en la pintura valenciana es imponderable. Se dice
que en su escuela se formó José de Ribera y su influencia se advierte en los
principales pintores del XVIII.
Pinacoteca virtual de Francesc Ribalta.
Pulsa aquí para entrar. |