Biografía

Partida de bautismo del pintor Francisco Ribalta. Archivo Histórico parroquial, Solsona, Lleida. Primer libro "baptismes i òbits" de 1565 a 1596, folio 2:

A 2 de Juny de 1565 font batejat un fill de Joan Ribalta i Na Magdalena, sa muller, fonc padrí lo Rnd. Canonge Crexàns, i padrina la Sra. Francisca Cortit. Fonch-li posat nom, Joan Francesch.

13 de Enero de 1628. Archivo de los Santos Juanes, València. Libro de Defunciones, folio 303.

Dijous a 13, llisqueren dos pres. desde el Alua fins mij dia per Ala de frs. de Ribalta pintor en lo carrer de quart fora val.ª paga Juan de Ribalta son fill en dita casa

Ribalta - (Francisco Ribalta). (1565-1628)

Nació en Solsona, (Lleida) el 2 de junio de 1565 .

Pasó su niñez y su juventud en Barcelona, donde su padre trabajaba como sastre, y su hermano mayor, como sombrerero. No consta que comenzara los estudios artísticos en esta época, sino a raíz de su traslado a Madrid, en 1581, cuando a la muerte de sus padres vendió algunas posesiones y dispuso de cierto capital. Según el pintor e historiador Acislo Antonio Palomino, visitó brevemente Italia, donde entraría en contacto con la escuela de Caravaggio.

En Madrid, se movió en el círculo de El Escorial a la vista de obras y artistas españoles e italianos que allí trabajaron, captando las novedades más significativas de su arte.

Elaboró así un estilo ecléctico que llegaría a conjugar la retórica de Cincinato, los atrevidos escorzos de Tibaldi o la gravedad de Bartolomé Carduccio, con el dramatismo de Navarrete y los claroscuristas juegos de luz del mejor Cambiaso, aspectos que afloran sin disimulos en su producción.

Durante los años de aprendizaje en Madrid su interés por los efectos de la luz, derivado del estudio de las obras de pintores manieristas existentes en las colecciones reales, como Tintoretto y Bassano, fue trascendental para toda su producción posterior.

Antes de que se cumpliera su primer año de estancia en Madrid, ya había pintado su primera obra, Preparativos de la crucifixión (1582), de clara impronta veneciana, y que se conserva en el Museo Hermitage de San Petersburgo.

La influencia del naturalismo del movimiento de Caravaggio, con el que probablemente entró en contacto durante sus estudios en Italia, le llevó a ser el primer español en destacarse por el tenebrismo de su obra, que ejercería un poderoso influjo entre sus sucesores.

También por esos años contrajo matrimonio y nacieron sus hijos, dos niñas y un varón, Juan, que así mismo fue pintor excelentemente dotado, y criado en un taller en el cual el conocimiento del oficio era tan profundo, fue, desde su primera juventud, discípulo y colaborador de su padre.

Con razón hace notar el erudito valenciano Marcos Antonio de Orellana la dificultad de separar la obra del padre de la del hijo, en constante contacto. Según Palomino, que se refiere a la obra de ambos, «no se distinguen cuáles sean del padre y cuáles del hijo, y sólo hay alguna mediana diferencia en que la manera del padre fue algo más definida y la del hijo algo más suelta». Era un mismo taller en el que ambos artistas, de idéntica técnica, trabajaban en colaboración muy íntima.

En Madrid, conoció a Lope de Vega, con quien mantuvo una estrecha amistad hasta el fin de sus días.

Seguramente a través de Lope de Vega, de quien pintó un retrato, se enteró de que el arzobispo Ribera buscaba artistas para varios encargos, y ello le indujo a desplazarse en febrero de 1599 a Valencia, de donde ya no se movió hasta su muerte en 1628.

Al poco de llegar a Valencia quedó viudo y ya no se volvería a casar.

Ribalta revolucionó la pintura local de la época, de carácter un tanto dulzón, con sus figuras poderosas y fuertemente caracterizadas, y fue la personalidad más destacada de la escuela barroca valenciana.

Entre 1603 y 1606 vivió en Algemesí, donde realizó varios retablos para su iglesia, entre ellos el mayor.

Desde allí fue llamado por el arzobispo Ribera, santo prelado que hacía compatible la austeridad de su vida con su amor a las bellas artes y a la cultura. El patriarca realizaba entonces su fundación del Colegio de Corpus Christi, conocido en Valencia por El Patriarca, al cual se ha llamado «El Escorial valenciano», y ofrecía a un gran pintor, como ya lo era el catalán, trabajo abundante, prestigioso y bien pagado, para realizar en su capilla el Retablo de san Vicente Ferrer (1605) y el gran cuadro de La Cena del retablo mayor (1606).

El estilo de sus años de madurez estaba marcado por un fuerte realismo y un gran interés en el uso de la luz y la sombra para subrayar los volúmenes; con los años, la austeridad en el color y el énfasis en la plasticidad de la composición fueron incrementándose.

Para 1607, cuando Ribalta apoyó a otros artistas de la ciudad para formar el Colegio de Pintores que los agrupase, era ya un artista de renombre y gozaba del mecenazgo del arzobispo Juan de Ribera. En 1617 se contó entre los que peticionaron a Felipe III para formar finalmente el Colegio de Pintores.

A partir de 1610, coincidiendo con la expulsión de los moriscos (1609) y la muerte del patriarca Ribera (1611), su arte tomó un sesgo intimista y profundo, muy acorde con el talante más piadoso de la Contrarreforma, inspirándose en la gravedad solemne de ciertos modelos de Sebastiano del Piombo que conoció en la propia Valencia, los cuales supo compaginar con un lenguaje naturalista y directo para el que se mostró especialmente dotado.

También su coloración se tornó más contenida y sobria, y sus figuras perdieron en gesticulación para ahondar en intensidad expresiva.

Con él trabajó en la segunda década del siglo XVII su discípulo Vicente Castelló, que imitaba su estilo y llegó a casar con una de sus hijas, y su propio hijo Juan Ribalta que en 1615 ya firmaba obras, formando los tres un equipo artístico muy sólido y prolífico en el que a veces no resulta fácil distinguir sus individualidades.

Luego, en compañía de Abdón Castañeda, este equipo ribaltiano operó hacia 1620 por Segorbe, Jérica y Andilla. Al parecer, Francisco Ribalta, sintiéndose enfermo en 1618, habría quedado en Valencia, según declaración propia, afrontando un pleito con la parroquia de San Andrés por negarse a aceptar el cargo de limosnero.

Conocemos escasísimas obras que sean sin duda, atribuibles a Juan: la ejecución del retablo de Andilla, donde se conservan hasta 8 lienzos, según bocetos de Francisco; el Apóstol adquirido no hace mucho por el Prado; y acaso una pintura al reverso de una lámina de cobre grabada y firmada por Juan en el museo de Bilbao.

Juan Ribalta se casó con una dama de calidad: Mariana de la Serna. Fue, además de pintor, poeta y como tal intervino y obtuvo premio en el certamen con que se celebró en Valencia, en 1620, la beatificación de Tomás de Villanueva.

En ese tiempo la producción del taller de los Ribalta decreció, pero se tornó más intensa y emotiva adentrándose en un naturalismo profundo de conmovedora fuerza según revela su gran cuadro Abrazo de san Francisco al Crucificado, pintado para los capuchinos de Valencia hacia 1622.

El uso de la luz de Ribalta influyó indirectamente a numerosos pintores españoles, entre ellos Zurbarán; además, contó con una destacada escuela de discípulos directos, que incluyeron a su hijo Juan Ribalta —cuya carrera se vio interrumpida por una muerte temprana— y a Vicente Castelló.

Después de 1625, el equipo ribaltiano volvió a reunirse en Valencia con el viejo maestro para realizar el gran retablo de la cartuja de Porta Coeli, donde aflora la mano de Francisco Ribalta, de Juan Ribalta y de Vicente Castelló en un conjunto de calidad notable que en algunas partes parece que quedó sin concluir.

En 1628 moría Francisco Ribalta el 13 de enero en Valencia y pocos meses después, el 9 de octubre del mismo año, también moría su hijo Juan, dejando trazadas en la pintura valenciana pautas que perdurarían durante mucho tiempo condicionando los designios del estilo barroco.