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No puede negarse en su estilo el influjo ribaltesco, aunque parece derivar hacia un realismo más español, incluso, sin el peso que lo italiano supone para el gran maestro.

Poco conocido fuera de su zona de trabajo, no le han faltado, sin embargo, justas alabanzas: «El Zurbarán valenciano» le llama Lafuente Ferrari; Jusepe Martínez, coetáneo suyo, lo alaba repetidamente en sus Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, y D. Pedro de Madrazo en el Catálogo del Museo del Prado de 1872 afirma:

«... en los retratos emula con Murillo y Zurbarán: sólo Velázquez le aventaja porque en este ramo del arte excede a todos».

En sus obras, se aprecia muchas veces la mano de sus ayudantes y discípulos: no debe extrañarnos si pensamos, por una parte, que el concepto de la obra de arte es distinto al actual, más personalista, y por otra, que su taller era el más activo de Valencia, con enorme número de encargos. De todas formas, las firmadas son o totalmente suyas, o con muy poca ayuda.

La preparación de cola y almagra de sus lienzos le dan un fondo cálido, sobre el que la pintura de colores suaves y armónicos, con gran gama de tonalidades, y realizada con veladuras, se vuelve particularmente luminosa.

Los bocetos y apuntes conservados de su mano, son también importantes pues nos permiten seguir el procedimiento de composición y estructura de las obras. En ellas -existentes muchas en el Museo de Valencia, y en colecciones o iglesias de la región- se aprecian varias etapas: la primera, firmada, es el Cristo del rescate, pintada a los 23 años y desaparecida en 1936.

De esta primera época sería el retrato de Fray Jerónimo Mos, en el mismo museo, el mejor de los de Espinosa. De 1650 a 1660, corresponden los grandes lienzos decorativos, sobre todo la serie de la Vida de San Luis Beltrán, destacando el de la Muerte del santo.

De 1660 a 1665, en su periodo de madurez y plenitud creadora, tenemos la serie de la Vida de San Pedro Nolasco, la del Emperador Constantino, el lienzo de los jurados de Valencia adorando la Concepción, por encargo del Ayuntamiento, y su úlltima gran obra La Última Comunión de María Magdalena (1665).

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La Última Comunión de María Magdalena, es considerado como el mejor cuadro de Espinosa, testamento pictórico del pintor, está datado y firmado en la parte inferior izquierda, (con una particularidad de Espinosa que nos cuenta Orellana en cuanto al uso del verbo Fact abreviatura de Faciebat, haciendo uso del pretérito imperfecto, indicando que el cuadro no se acaba, se deja, en lugar del más común en otros pintores Fecit, hecho.) en 1665, tal como indica la firma y la fecha en el extremo inferior.

Se trata de un cuadro al óleo sobre lienzo, 3,17 x 2,28 m. en el cual Espinosa muestra toda una serie de recursos formales.

Garín pone especial atención a la preparación del lienzo, mediante la cola y el óxido de hierro y el uso de entonaciones calidas en base al ocre.

La composición está basada en diagonales compositivas, que se cruzan en un punto: la Sagrada Hostia. El tratamiento de las cualidades es magistral, el bodegón del altar, las texturas de las telas, las filigranas de la casulla i el paño de comulgar.

Es un cuadro que sorprende en cuanto al tratamiento de las anatomías de los personajes. Sant Maximí ocupa el centro del cuadro, nos lo muestra con un acabado completo, el resto de figuras, presentan un cierto inacabamiento en base a velados y pincelada suelta; lo mismo ocurre en cuanto a las dimensiones de los personajes y al tratamiento descuidado de la perspectiva en la arquitectura del altar que dota a la obra de un cierto aire primitivista.

La parte superior del cuadro nos presenta la apoteosis barroca de un cielo abierto donde numerosos querubines acompañan, de manera dinámica, a tres ángeles músicos que tocan el laúd, la flauta y el arpa. Cabe destacar el escorzo del ángel del laúd. La luz es de contraste, tenebrista. En el centro del cuadro pasa de la negra penumbra al blanco intenso del alba del obispo.

Aunque no hubiera pintado más que el cuadro dé la Comunión de la Magdalena (609), bastaría para colocarle en el rango de los primeros artistas.