Biografía

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz nació en la localidad alicantina de Monóvar, el 11 de junio de 1873. Su padre, natural de Yecla, ejercía de abogado en Monóvar, militaba en el partido conservador, llegando a ser alcalde y diputado, y poseía una importante hacienda; la madre había nacido en Petrel en una familia acomodada. La suya era una familia tradicional, burguesa, que disfrutaba de una desahogada situación económica. José Augusto fue el mayor de nueve hermanos.

Azorín niño.Desde pequeño demuestra un carácter independiente y solitario, prefiriendo la vida apartada, incluso muy a menudo en la finca que la familia tenía en el Collado de la Salina, en Almodóvar del Campo, donde podía gozar apasionadamente de la lectura y escritura.

Con 14 años

Durante ocho años estudió el bachillerato interno en el colegio de los Escolapios de Yecla. Su novela "Confesiones de un pequeño filósofo" nos recrea con gran realismo este periodo de su vida. Posteriormente estudiará en las universidad de València, aunque nunca se entrega verdaderamente de lleno a sus estudios universitarios, interesándose mas por las lecturas periodísticas y políticas, interesándose por el Krausismo y el anarquismo..

Sus primeras aproximaciones al periodismo las hace como Fray José en La educación Católica de Petrer, o como Juan Lis en El Defensor de Yecla. Escribe en El Eco de Monóvar, El Mercantil Valenciano, e incluso en El Pueblo, que era el periódico de Vicente Blasco Ibáñez. Lo suyo es casi siempre la crítica teatral de obras de gran contenido social, y en ellas demuestra su inclinación hacia el anarquismo.

Publica en 1895 dos ensayos, Anarquistas literarias y Notas sociales, presentando al público en ellas las principales teorías anarquistas. Importante resulta también en estos años de preparación su actividad traductora, con trabajos como el drama La intrusa, de Maeterlink, la conferencia del francés A. Hamon, De la patria, o el folleto Las prisiones, del príncipe anarquista Pedro Kropotkin.

En Granada y Salamanca se examinó, demostrando su escasa calidad de estudiante estudioso, y su mayor atención al periodismo, al teatro, a las tertulias, a la literatura y a los toros, que a las leyes que le llevaban a la universidad.

En 1896 se traslada para seguir sus estudios en Madrid, y pronto intenta su camino en el periodismo republicano con diversa suerte. Entra en El País con carta de recomendación, donde publica diariamente trabajos.

Foto en 1898.Se trata de artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores más arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras un artículo sobre el matrimonio y la propiedad, se ve obligado a abandonar la redacción de "El País".

Aquel mismo año arribaron también a la capital de España Ramón del Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la Corte y Maeztu llegaría a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos, en intimar y en acometer juntos algunas empresas.

Le reciben en otros periódicos e inicia la publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus vivencias y sentimientos: Charivari (Crítica discordante), de 1897, entre otros. El único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el de Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en uno de sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un espaldarazo.

A principios de octubre de 1897 comienza sus colaboraciones en "El Progreso", de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso anarquista, ejerciendo como crítico como Cándido (Seudónimo en honor de Voltaire) Ahrimán (Dios persa de la destrucción, Charivari, Este, etc...

Poco a poco va apareciendo su nombre en mas periódicos y revistas de cierta importancia: Revista Nueva, Juventud (Donde escribe con Baroja y Maeztu como el Grupo de los Tres), Arte Joven, El Globo, Alma Española, El Imparcial y ABC

Azorín y Pío Baroja sentados.Publica además folletos y libros, y escribe una trilogía novelada autobiográfica: La Voluntad, Antonio Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo. Las firma ya como Azorín, su seudónimo definitivo.

De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por completo; busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento, el triunfo.

Son éstos años decisivos en la evolución personal del escritor. Azorín, hacia el final de esta etapa abandona la lucha literaria, se muestra vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico y cultural de España. Se pierde por archivos y bibliotecas en una especie de huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su pragmatismo opta por el apartamiento, por la soledad y el conformismo.

No se conocen suficientemente los motivos de este giro tan sorprendente: ¿Oportunismo? ¿Identificación con los valores tradicionales? ¿Conveniencia? ¿Traición? ¿Fracaso personal como artista?

Poco a poco, su pensamiento y su literatura derivan hacia el conservadurismo político, y comienza a colaborar con ABC, y a participar en política activamente, de la mano de Antonio Maura y el ministro Juan de la Cierva.

En 1908 recién casado.En 1908 se casa con Julia Guinda Urzanqui, con la que compartirá su vida sin tener nunca descendencia.

Entre 1907 y 1919 fue diputado en cinco ocasiones, y en dos pequeños periodos, en 1917 y 1919, fue subsecretario de Instrucción Pública. Durante este periodo, sus periplos por toda España fueron constantes, y sus lecturas, los clásicos españoles, sobre todo del Siglo de Oro. Su actividad política cesó con el periodo de la dictadura de Primo de Rivera, de quien se niega a aceptar ningún cargo.

Foto en 1919.En 1924 se produce su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española

Literariamente se encuentra en una fase de no progresión. Su trabajo se reduce a repeticiones y modificaciones de su obra anterior. Su interpretación de la Historia de España se orienta por las vías del Imperio, la madre patria y la mitificación del pasado. Se trata de un enfoque preocupante en un intelectual de su condición.

La llegada de la República marca el intento de recuperar sus teóricos ideales progresistas, predispuesto al arreglo y al acomodo, pero siempre prefiere el retiro y la soledad, mas de acuerdo con su estatus de burgués.

En 1937, con Pío Baroja en Paris.La Guerra Civil le sorprende en Madrid, pero consigue un pasaporte diplomático y se exilia a París con su esposa.

Regresa a España en 1939 tras el final de la guerra, y renueva su colaboración en ABC, aunque ya no es como antes: no todos le reciben bien, sobre todo los falangistas, en parte por su militancia juvenil y en parte por su actitud oportunista y acomodaticia. Goza de la protección del ministro Serrano Súñer, cuñado del dictador.

En 1963.Oficialmente le tributan honores y reconocimientos, a pesar de su actitud de apartamiento y repudio de la notoriedad.

En 1943 recibe el Premio de la Delegación de la Prensa, en 1946 la Gran Cruz de Isabel la Católica, y en 1956 la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, aparte de otros muchos.

El 4 de marzo de 1967, falleció en Madrid, a los 94 años, siendo el mas longevo de los escritores de la Generación del 98, término que él mismo había acuñado.

Mascarilla mortuoria de Azorín.La valoración actual de su obra dentro de la llamada Generación del 98 hay que buscarla mas en su obra juvenil, en la que denuncia situaciones injustas, el sufrimiento de las clases trabajadoras y el comportamiento deleznable de los políticos profesionales, estimulado por las lecturas de Schopenhauer, Kropotkin, Nietzche, Faure, etc. Fundamentalmente siguiendo la senda del anarquismo, a través de la CNT, y del socialismo, a través de la UGT. Durante estos años se prodigan folletos de todo tipo sobre literatura y cuestiones sociales.

A Azorín le corresponde el mérito de recuperar a algunos de nuestros clásicos mas olvidados, aunque se le pueda acusar de ser mas coleccionista que analista riguroso.

Él fue quien estructuró la realidad literaria de unos escritores comprometidos con su país y sus circunstancias. Son muy interesantes sus escritos sobre la que llamó la Generación del 98. Dentro de ella, el Grupo de los Tres (Maeztu, Baroja y Azorín), tuvo una entidad propia y adoptó posturas comunes y definidas sobre asuntos de actualidad de la época. El afán renovador de los jóvenes escritores es indiscutible.

Aunque actualmente parecía diluirse la importancia de su obra dentro de la historia de la literatura, algunos escritores, encabezados por Mario Vargas Llosa, han prodigado sus elogios al estilo de Azorín y a su capacidad de virtuoso del lenguaje. En su prosa siempre quedará el sabor de la obra minuciosa y bien hecha, y el poso de su sabiduría de escritor avezado en la producción de textos literarios.


Puedes saber mas de él visitando su casa museo en Monóvar